Ahora que ha iniciado marzo, un mes en el que podemos visibilizar con más fuerza (mediática, principalmente) la lucha de todas las mujeres por ciudades y por un país libres de violencia contra nosotras, me gustaría aprovechar para abordar un tema del que poco a poco se ha ido hablando, tal vez no con la fuerza que se debiera, pero al menos hoy en día podemos encontrar más información al respecto: la movilidad del cuidado.
Creo conveniente que, justo en vísperas del día de la mujer, fecha en la que conmemoramos la lucha por los derechos de las mujeres, se utilice este espacio para poner atención en todo lo que hay detrás de los viajes y la movilidad de cuidado, pues somos precisamente las mujeres quienes nos encargamos en gran medida de ellos y quienes también sufrimos violencia y exclusión al realizarlos (de allí la importancia de impulsar aún más el tema).
En primer lugar, para los que se estén preguntando qué es la movilidad del cuidado, es aquella que desempeñan en su mayoría mujeres que se dedican al trabajo de cuidado (p. ej. Acompañar a familiares al physician viajando en transporte público o llevar a sus hijos a la escuela) y su importancia no solo recae en los beneficios que esta aporta en la economía del país, sino en el soporte que aporta para que las ciudades y sus espacios funcionen.
Por trabajo de cuidado se entiende el trabajo no remunerado, realizado por adultos para los niños u otras personas dependientes, incluyendo el trabajo relacionado con el mantenimiento de los hogares.
Es por eso que el análisis de este tipo de viajes exige (o debiera exigir) ciertos cambios significativos en la forma en la que se recogen los datos estadísticos en torno a la movilidad, pues al menos en nuestro país muchos de estos viajes no se cuentan, haciendo aún más difícil la creación de políticas públicas respecto al tema.
Y eso es tan solo la punta del iceberg, pues el hecho de que no se contabilicen es solo la consecuencia de la poca importancia que se le da al trabajo que realizamos las mujeres en nuestros hogares y las causas de ello: el machismo, misoginia, androcentrismo y otros tantos que incentivan la visión sesgada con la que se han venido construyendo nuestras urbes.
En ese sentido, tenemos como resultado que las metodologías que se utilizan a la hora de aforar los viajes que se realizan en las ciudades, dejen de lado los viajes cortos a pie o los viajes encadenados, ambos típicamente realizados por mujeres, de tal forma que muchos desplazamientos relacionados con la esfera reproductiva, aparecen como viajes de ocio o en la categoría de otros.
Pero si hay algo que decir es que estos viajes tienen un peso importante en la movilidad, sobre todo porque sustentan familias y la economía de las ciudades, aunque no se cuenten. Porque las mujeres cuidamos de los hijos, de los esposos, de los enfermos y en gran medida hasta de las mascotas, pero ¿quién nos cuida a nosotras, y más, en urbes violentas y excluyentes donde se nos acosa en las calles, se nos violenta al inside y exterior de los hogares?
Mi compromiso con todas mis homólogas, no solo este mes, sino todos, es visibilizar todo lo que hacen y lo que luchan, por eso sus viajes y el trabajo que realizan de cuidado importan, y lo tenemos que hacer contar.
” Fuentes www.milenio.com ”
