Justo ahora, cuando se está discutiendo el desafortunado Plan C, de la mal llamada cuarta transformación, que vaya que ha transformado, pero para mal a muy diversas instituciones; justo ahora, cuando se discute si los jueces y magistrados de este querido país deberían ser elegidos por tómbola, o por popularidad, en donde el experticio de los juzgadores pasará a segundo plano, según los criterios del súper
juzgador López Obrador y sus seguidores de cuarta; justo ahora cuando parece que hace más falta la justicia pronta y expedita, justo ahora, es cuando se presentan casos y más casos de injusticia.
El caso del Hotel Mayaland, propiedad de la familia Barbachano desde hace más de cien años, es un ejemplo de como un Gobernador, para no ir más lejos, puede hacerse de una propiedad ilegalmente con el uso de presta nombres, o simplemente ayudar a un bandido de sus confianzas, para que apoyado en la impunidad, el
influyentismo y la corrupción, pueda hacerse de propiedades de manera ilegítima despojando a los auténticos propietarios, como es el caso de Rodolfo Rosas Moya, secuestrando los Hoteles Mayaland, con el contubernio del Gobernador Vila Dosal de Yucatán; una verdadera vergüenza para Yucatán, para el sistema de justicia y para el Gobierno que enarbola la bandera del combate a la
corrupción.
En la comunidad turística existimos cientos, sino que miles de personas, que conocemos a Fernando Barbachano Herrero y a la trayectoria de su familia en el quehacer turístico; sabemos de sus aportes en Cozumel, en la creación y desarrollo de Playacar en Quintana Roo, en la creación de la desaparecida AeroCozumel, y por supuesto de la maravillosa y cálida acogida que han dado por décadas a miles y miles de viajeros en sus magníficas Haciendas-Hoteles de Uxmal y
Chichén Itzá, hoteles que han recibido a artistas, intelectuales, políticos y muy distinguidos visitantes de todo el mundo por generaciones.
Hoy, el maravilloso y hermoso hotel Mayaland en Chichen Itzá continúa en la indefinición jurídica, a causa de la corrupción; administrado por un viejo hotelero frustrado y sin capacidad y bajo el resguardo de un maleante auspiciado, solapado y protegido del saliente Gobernador de Yucatán, que está solo a unos días de tener fuero al
aterrizar en el Senado de la República, en esta maldita suerte de los plurinominales, ni siquiera fue elegido.
El Caso de Mayaland es digno de estudio de juristas, de expertos anti corrupción y hasta de ministros de la Suprema Corte, toda vez, que se han violado todos los derechos constitucionales de los legítimamente propietarios y demandantes; se han desacatado mandatos de jueces federales y se han violentado amparos; acciones que motivarían la cárcel para quienes han incurrido en
semejantes agravios, sin que nada hasta hoy haya pasado. ¿Será que hasta eso llega el poder de un Gobernador?…
Es una vergüenza, y una enorme tristeza…
Se imaginan mis ochos lectores, que será cuando los jueces y magistrados sean elegidos por tómbola…
Al Buen Entendedor…
