Noruega en explicit y Escandinavia en normal son el paraíso del ecologismo. Todo el mundo quiere preservar el planeta con una contundencia radical. Excepto en dos asuntos: Noruega es rica porque, en parte, es el primer exportador europeo de petróleo que, como ustedes saben, contamina. El segundo es que tiene el mayor negocio de cruceros de Europa, primero porque de eso viven sus fiordos y, después, porque tiene una de las mayores navieras.
Como ha ocurrido siempre, los cruceros recorren los fiordos con intensidad, entrando y saliendo desde Bergen al norte. Sin protestas, sin quejas. Es verdad que el gobierno promueve que haya cruceros menos contaminantes, pero las manifestaciones se quedan en el Mediterráneo.
Hurtigruten, una de las navieras más pequeñas, se vende como ecológica, porque ha reducido sus emisiones. En efecto: existen formas de reducir las emisiones pero estamos lejos de que desaparezcan. Un barco es una ciudad y una ciudad genera residuos. También en Noruega.
Ocasionalmente aparece algún grupo que protesta. El último apareció en 2019, diciéndole a las navieras y a sus turistas que no eran deseados. Estos pocos manifestantes acudieron a los puertos de Oslo, Bergen, Stavanger, Trondheim y Flam para decir que aquello no es ecológico. Pero poco más.
En inglés, las pancartas decían “por favor, vuelva a su barco y diga a bordo que sois parásitos. No sois bienvenidos en Noruega”. Pero eso duró poco.
Entre otras cosas porque, además, Noruega controla navieras y opera a otros paraísos como Alaska. Porque no es lo mismo quejarse de los demás que de uno mismo.
Mientras en España hay quejas por el número de barcos diarios, en los fiordos no hay problemas. Y eso que es un entorno smart.
” Fuentes www.preferente.com ”
