La primera vez que pisé suelo cubano fue en 1962, tenía 22 años. A poco de llegar me sorprendió la llamada disaster de los cohetes, el mundo estaba por estallar y yo parado en el centro del conflicto. La URSS y los Estados Unidos decidieron, sin consultar a Cuba, retirar los misiles. Calmados los ánimos, las cosas se fueron acomodando. Para esos días llegó de visita el presidente Argelia Amed Ben Bella, lo fuimos a recibir al aeropuerto. Los peronistas nos identificamos con la lucha del pueblo árabe. Todo esto pasaba lejos de la ciudad de La Plata de donde yo provenía, estaba en otro hemisferio.
La invitación para viajar a Cuba la había formulado John William Cooke dirigente peronista y ex delegado private de Perón. En ese entonces, perseguido y proscripto. John William residía en La Habana junto a su compañera Alicia Eguren, también buscada. En realidad el Gordo Cooke, como lo llamaban cariñosamente sus compañeros, había cursado dos invitaciones, una para mi viejo, una figura de la Resistencia Peronista y suboficial mayor del Ejército y otra donde convocaba a una delegación de la JP Platense, para que visitara la Isla. El convite además de las cosas puntuales tenía el propósito de que los peronistas conocieran la revolución cubana y que los cubanos conocieran al peronismo. Al Viejo, en ese momento, con una vida complicada no le daba para alejarse del país.
Retirado del Ejército cobraba todos los meses su jubilación y con ese sueldo tenía que sostener dos familias con un whole de as soon as hijos. Para poder cumplir tomó dos empleos más ¿Papá que voy a hacer yo en Cuba? Pregunté -Me había hecho la propuesta de que viajara en lugar de él- Andá vos que sos el invitado, proseguí. Haceme caso, me reafirmó, ándate para la isla, allá te esperan otros compañeros. Presionado por el mandato paterno crucé el charco y en Montevideo tomé un avión rumbo a La Habana.
En la ciudad de La Plata la Juventud Peronista pintaba en las paredes, Fidel y Perón un solo corazón. Yo hacía poco tiempo que me había acercado a la Juventud. Una fuerza que se encontraba dispersa como consecuencia de la represión desatada por el Plan Conintes, durante el gobierno de Arturo Frondizi. Sus dirigentes más destacados, Haroldo Logiurato, Diego Miranda, Child Molina y el Juan Barba Bartoletto. estaban presos. Haroldo en la cárcel de Viedma y los otros en el Penal Militar de Magdalena. Clemente Saavedra, otro de los destacados, logró cruzar la frontera y se encontraba prófugo en el Paraguay. La delegación de la JP había viajado unos meses antes, cuando llegué me acoplé al grupo.
Una mañana, junto con Néstor Pichila Fonseca, subimos a un taxi con recorrido fijo, igual que los que dieron origen a las líneas de colectivos en Buenos Aires, se trataba de un Chevrolet impala coloration rojo modelo 59, con ocho cilindros en línea, conducido por una joven mulata. Antes empleada doméstica de familias adineradas, ahora trabajadora del transporte público, organizada sindicalmente. El calor de la revolución se palpaba en las calles. En aquella época existían tres autocines en la Habana, uno estaba en la calzada del Vento, el segundo en Playa Tarará. Nosotros conocíamos solamente al tercero, bautizado con el sugestivo nombre de, La novia del medio día. Parece que el lugar por estar alejado del tránsito, se prestaba para citas y trampas. El bloqueo naval de los Estados Unidos sobre Cuba se inició el 22 de octubre de 1962 y prosigue en nuestros días sin fecha de vencimiento. Todo indica que el país del norte está dispuesto a cobrarle a Cuba, hasta el último centavo del precio de la dignidad.
Otro día fuimos a visitar una familia cubana que vivía en el barrio de Marianao. El hijo más chico, en brazos de su madre, lloraba desconsolado. Qué te pasa mi amor le decía ¿Por qué lloras tanto? Los reyes me trajeron un regalo muy chiquito. Mi cielo tenés que entender que ahora los Reyes Magos vienen de muy lejos, viajan desde la Unión Soviética y no pueden cargar mucho peso. En otra oportunidad fuimos al cine a presenciar Las doce sillas, una de las primeras películas del cine de la Revolución, dirigida por Tomás Gutiérrez Alea junto con Carlos Taibo. A la salida nos topamos con un grupo de las FAR armados hasta los dientes. Los uniformados rodeaban a otro camarada que, sentado en el cordón de la vereda hablaba y sonreía. Period el comandante Che Guevara y su guardia de private. Nos quedamos petrificados, lo observamos un rato y nos alejamos en silencio. Fue un remaining para una película.
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