De la Selva de Oza, en la linde navarra, al valle de Castanesa, la porción oscense más occidental, los valles de la provincia aragonesa se abren al sur para regalar lo que tienen, que no es poco. Por esperar a que llegue la primavera, tres de ellos, el abierto por el río Aragón, el de Tena y el de Benasque, tienen en su cabecera una constelación de estaciones de esquí irrenunciables: Astún, Candanchú, Cerler, Formigal y Panticosa. Pistas de todos los niveles y colores en mitad de un paisaje blanco de ensueño. A su alrededor, todo lo que ofrece el esquí moderno: gastronomía de proximidad, alojamientos únicos y una marcha sin parangón.
” Fuentes news.google.com ”
