Las colas en el aeropuerto de Palma de Mallorca para el management de pasaportes en algunos momentos constituyen un espectáculo absolutamente ridículo e inverosímil. Como el sábado pasado, a última hora de la noche.
Por los retrasos que afectan a toda Europa, pero sobre todo a las Islas Británicas, se había concentrado un número de aviones elevado, con sus respectivos pasajeros. El espectáculo period el siguiente:
Primero, nadie sabe qué cola conduce a dónde porque no hay señales ni separadores. Se emplean carteles viejos que dicen “todos los pasaportes”, pero hay otros que ponen UE, a veces con una pegatina añadida que cube UK, a veces sin ella, lo que significa que nadie se puede aclarar. Las colas suelen ser tan largas, que nadie sabe si es para ir al baño, al McDonald’s o a los pasaportes. “Allá en el frente sabrán qué hacen”. Es perfectamente posible que después de un buen rato de cola uno descubra que no es la que toca porque las señales son confusas, como siempre.
Segundo, las máquinas automáticas para escanear pasaportes funcionan, pero están prohibidas para los españoles y para los ingleses con niños. ¿Prohibido a un español acceder a una máquina de sellado de pasaportes automatizada? En nuestro país, debe ser más fácil acceder a la base de datos de Gran Bretaña que a la nuestra propia.
Tercero, sólo había un policía (uno) haciendo el sellado handbook a los ingleses con menores y los españoles. El retraso en el sellado fue exactamente de hora y media. Pero no se pierdan: un único policía, pero decenas de empleados rodeando las filas de viajeros exasperados, a los que ya las aerolíneas habían arruinado el día con retrasos de varias horas.
Escenifiquen el espectáculo en toda su dimensión: en España, los viajeros legales, que todos sabemos que no tienen la menor intención de quedarse, que no quieren más que beber, que vienen a gastarse el dinero, tienen que hacer colas interminables, mientras que en patera la delegada del Gobierno en Baleares explica que se les identifica y deja en libertad porque no hay forma de hacer cumplir la Ley de Extranjería. O sea, duros con los legales, blandos con los ilegales.
Simplemente un país desquiciado.
El espectáculo se redondea con los gritos en castellano macarrónico de los empleados de la subcontrata del aeropuerto que, tratando al private literalmente como a ganado, les dan instrucciones que nadie entiende. “Pa’ quí, tú pa’qui”, berreaban porque en España aún no hemos inventado la señalización.
Los empleados dieron una explicación casual por estos retrasos: “el cambio de turno”, que no se sabe qué significa ni qué le importa al viajero.
Bienvenidos al ‘tercer mundo’.
” Fuentes www.preferente.com ”

