Buenos Aires está repleta de opciones para experimentar y adoptar la cultura ancestral japonesa. Esa que conocemos de los textos de Haruki Murakami y las collection de Netflix; o cómo olvidarse de la premiada en los Oscar Drive My Automotive, que nos enseña a respetar la naturaleza y sus tiempos. Con su cocina tradicional –declarada Patrimonio de la Humanidad por UNESCO en 2013– tan diversa y rica, la realidad es que cada vez son más las propuestas de restaurantes, cafés y talleres que, si no podés viajar a Japón, te invitan a viajar con los sentidos. Hicimos un recorrido por algunos de los lugares que tenés que conocer si querés activar tu “modo Japón”.
El espíritu de cantina que buscan quienes gustaron de Midnight Diner en Netflix. El mismo espíritu intimista, solo que detrás de la barra no hay un solo “master”, sino tres: Kari Matayoshi, Andy Matayoshi y Emiliano Miyagi. Como en muchos locales japoneses, donde son conocidos por un producto, en Dotonbori la estrella es el takoyaki: deliciosas bolitas de masa –hechas en el momento en planchas especiales– rellenas de pulpo, “tako”. También las preparan con shiitake o con langostinos. Con ellos comenzaron en modo avenue meals, hasta que, hace poco más de un año, pudieron abrir su propio native.
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Es uno de los pioneros en movilizar la reciente ola de omakase en Argentina. Una experiencia con la esencia de lo que se vive en Japón: un itamae (el sushiman/sushiwoman) que busca ofrecer lo mejor del mercado –literal, porque Edgar Kuda lo recorre personalmente– y crear a partir de eso. Ofrece distintas piezas o platos en la barra a un ritmo casi ceremonial. Acá el comensal es quien tiene toda su atención, es por eso que solo reciben doce cubiertos por noche. Una a una, te van describiendo las piezas, sushi –nigiri, temari, temaki– y otros platos con productos curados, ahumados y fermentados en casa.
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Si sos de las que les copa “viajar” a Japón viendo programas de televisión o Netflix, seguramente te hayas sentido atraída por las variedades de cafés temáticos de grandes ciudades como Tokio u Osaka. De la mano de Editorial Ivrea, nació Ao Kuma (“oso azul”), un manga retailer donde no solo podés comprar las últimas ediciones de sus títulos, sino también degustar distintos productos japoneses. Imperdible el “melon pan” (“meron pan”, pan con forma de melón) que prepara el alma máter del lugar, Eiko Sakakibara. Es un lugar que atrae un público adulto, también a muchos followers del cosplay y, por su estilo kawaii, también es el preferido de los chicos.
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Los hermanos Nicolás y Matías Totake se encargan de preparar ramen y sushi en un mismo lugar. En Mirutaki –el nombre homenajea a sus padres: Miru y Taki– invitan a comer en la barra, sentadas en banquetas. ¿El plan? Arrancar con unas cervezas, misoshiru (sopa de miso), tsukemono (pickle de vegetales) o su goma ae (chauchas en salsa de soja dulce y sésamo). Y, de ahí, ponerse a elegir entre una seguidilla de platos tradicionales como nigiri, gyoza y futomaki a karaage (pollo frito al estilo japonés). Guardá espacio para el postre: si bien en Japón no se acostumbra, no podés dejar pasar su cheesecake japonesa.
¿Sabías que Japón tiene un reconocido nivel de baristas? Y desde que San Café desembarcó el año pasado a unas cuadras de la av. Santa Fe, native de por medio con Kuda Omakase y en el barrio de Tori Tori, otro clásico, buscó reproducir la estética XS y el encanto de los locales nipones. Un spot imperdible para probar los “sandos” (sándwiches japoneses) y café de especialidad, pero también muchas variedades de “ocha”, tés: sancha (verde), genmaicha (verde con arroz tostado), sanpincha (de jazmín) o mugicha (de trigo). ¿Dulces? Vas a encontrar los tradicionales, como dorayaki, manju o cheesecake japonesa.
A diferencia de lo que se supone, el ramen “se come”, ya que no se trata de una sopa, sino de un plato compuesto por, entre otros ingredientes, noodles (fideos alcalinos), caldo, vegetales y, comúnmente, “chashu” (cerdo en lonjas). Prepararlo requiere paciencia y perfeccionamiento. Como buena ramen lover, Yoshimi Nakandakare prepara personalmente sus noodles, el caldo –que lleva sus horas– y las tradicionales fetas de cerdo, que cada vez más reemplaza por hongos shiitake y caldo veggie.
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Entrar en Social Sushi es transportarse a otro mundo. Recrea un izakaya, las auténticas tabernas japonesas, donde las personas van a relajarse después de un día de trabajo. Puertas adentro (nada indica qué hay en el lugar, más allá del inmenso mural de su fachada), el ambiente es casual. Con música y la cocina clásica –platitos que acompañen la bebida–, ya que a un izakaya el japonés va a beber. Karaage, ebi furai (langostino en panko), katsu sando (el tradicional sándwich de cerdo), nasu sando (de berenjena), shogayaki (cerdo al jengibre) y el favorito de todos: sushi, mucha variedad, con opciones veggie.
” Fuentes www.lanacion.com.ar ”
