El primer empleo como azafata de yates llegó en 2019. Florencia se encontraba desde hacía unos meses en Europa, donde tuvo la experiencia de trabajar en reconocidos hoteles y donde también se formó para trabajar en barcos de lujo.
Luego de que se contactaran con ella para transmitirle la propuesta laboral, la platense no lo dudó ni un momento, period su oportunidad: tomó un vuelo desde Palma de Mallorca hasta Niza y allí se incorporó al private de una pintoresca embarcación.
“Fue muy linda la experiencia, duró tres meses, aunque los huéspedes fueron solamente ocho días y nunca más los volví a ver. Pude viajar los fines de semana y recorrer el sur de Francia. Estuve por Mónaco, Marsella, Canes”, recuerda Florencia, que a partir de ese momento no paró de conocer destinos increíbles como la costa francesa, española e italiana; la alucinante Bahamas con sus playas de enviornment blanca y aguas cristalinas; o incluso Túnez, en el norte de África. “Una de las mejores experiencias fue haber cruzado el Atlántico en un yate de 100 metros desde Miami hasta Mykonos, en Grecia”, comenta.
Su nuevo empleo le permitió explorar impresionantes paisajes del mundo transportándose en yates de lujo, que se encuentran equipados como si se tratara de un lodge 5 estrellas. Algunos de ellos cuentan con spa, gimnasio, ascensor y hasta cine.
“Hay muchas excentricidades, a mi me impacta lo que valen las cosas. Una vez, estando a bordo, me señalaron una pata de jamón crudo y me preguntaron ‘¿Sabés lo que cuesta esto?’ Costaba 6 mil dólares, yo me quedé helada”, cuenta Mainet, todavía asombrada.
Los yates en los que trabaja no pertenecen a compañías que se dedican al transporte de pasajeros, sino que son embarcaciones privadas, propiedad de empresarios, celebridades y personas influyentes de todo el mundo, que cuentan con una importante fortuna. Cuanto más grandes y más ostentosos son, mayor es el poderío económico de sus dueños.
“En general hay agencias que hacen de intermediarias entre los dueños y el personal que va a trabajar en el barco. Cuando no hay agencia de por medio, los dueños de los barcos utilizan a los capitanes como mánagers y ellos se encargan de reclutar la tripulación”, explica la azafata de yates oriunda de La Plata, quien comparte a través de su cuenta de Instagram (@florstewardess) ideas para quienes aspiran a tener el mismo empleo, además de mostrar su día a día en las lujosas embarcaciones.
Cada vez que se encuentra en servicio, la jornada laboral de Florencia comienza a las ocho de la mañana y termina a las cinco de la tarde. Las tareas que realiza incluyen, entre otras cosas, planificar lo que se hará durante el día; comprar las provisiones necesarias para la tripulación; realizar el “laundry” —lavado de ropa sucia— de los uniformes de la tripulación; y mantener las áreas comunes. En caso de haber huéspedes en el yate, las azafatas tienen turnos rotativos para cubrir todos los horarios y estar siempre a disposición de lo que puedan necesitar.
“Mientras los huéspedes desayunan, algunas vamos a sus cabinas y rehacemos las habitaciones. Tienen que quedar como si nadie las hubiera tocado, sin marcas de dedos en las paredes; las duchas y las toallas completamente secas; la ropa ordenada y la que es para lavar se lleva a la lavandería”, detalla y señala: “No fue nada fácil adaptarme porque todo en esta industria es absolutamente diferente a lo que uno se imagina, es otra vida y hay otras exigencias”.
La azafata de yates platense, que debió dejar la ciudad de las diagonales para poder cumplir su sueño de trabajar viajando por el mundo, actualmente hace base en Fort Lauderdale, una de las principales ciudades del estado de Florida, Estados Unidos. Conocida como “la Venecia americana” debido a su extenso e intrincado sistema de canales, Fort Lauderdale suele ser el puerto inicial de la mayoría de los cruceros por el Caribe y allí atracan las embarcaciones más grandes y lujosas.
“De mi vida en La Plata extraño a mis animales, tengo un perro y un conejo que están muy bien cuidados allá y en algún momento me los voy a traer a vivir conmigo; a mi familia, mis sobrinos; y a mis amigos”, afirma Mainet, fanática del membership Estudiantes de La Plata.
Pese a no tener cerca a sus afectos y a que se encuentra a far de kilómetros de su hogar, Florencia no se arrepiente de su elección. “Me hizo crecer a nivel económico y profesional, pero fundamentalmente me hizo fortalecer el autoestima y la autoconfianza porque yo no me creía capaz de muchas y con este trabajo comprobé que sí puedo”, concluye.
” Fuentes infocielo.com ”
