“Esto es algo que hay que ver aunque sea una sola vez en la vida. Mucho mejor de lo que imaginamos”, nos dijeron nuestros nuevos amigos mexicanos, los periodistas y viajeros empedernidos Ramón y Arcelia Becerra, mientras admirábamos la magnitud de una de las Esclusas de Gatún, cuya compuerta se abría lentamente para dejar pasar el barco y que se elevara a la altura principal del Canal de Panamá.
Con copa de champán en mano, cámaras fotográficas por doquier y una buena dosis de paciencia, para esperar el turno de entrar a la famosa esclusa del Canal, los pasajeros del Silver Moon, de la línea de lujo Silversea, estábamos en el punto culminante del viaje de estreno de ese barco en Norteamérica. Habíamos zarpado desde Ft. Lauderdale, en Florida, en un recorrido por Honduras, México, Costa Rica y Bélice, y muchos culminarían su viaje en Panamá, mientras otros lo harían en Ecuador.
Desde el punto de vista turístico, hacer un cruce por el Canal de Panamá está en el tope de la lista de deseos de los viajeros de cruceros, pero esta maravilla de la ingeniería mundial, no solo impresiona por su funcionamiento, sino por la gran historia detrás de ella.

Una tan antigua como el paso por el Istmo de Panamá de Vasco Núñez de Balboa, en 1513, quien pensó en la importancia de construir un paso de agua que uniera los océanos Atlántico y Pacífico, haciendo notar que solo una estrecha franja de tierra de 50 millas, los separaba.
A unos años de haber cumplido el centenario de su inauguración, su historia empezó de manera más sólida cuando Panamá logró la independencia de Colombia, el 3 de noviembre de 1903, al ratificarse el Tratado Hay-Bunau-Varilla, otorgando a Estados Unidos la concesión del Canal a perpetuidad para el desarrollo de una zona del canal de 10 millas de ancho. Esto dio paso finalmente a la construcción en 1904.
Siglos antes, la obra tuvo que sobrevivir a los problemas de toda índole, políticos, económicos y sociales que trajo la planificación y posterior construcción, pasando desde una propuesta fallida de los franceses hasta al remaining, logrado por el trabajo de más de 57,000 obreros y miles de vidas perdidas.
El Canal de Panamá, construido a un costo de $375,000,000, se estrenó oficialmente el 15 de agosto de 1914, aunque el primer tránsito completo lo hizo la Alexander La Valley, una vieja grúa flotante, el 7 de enero de 1914. Como dato curioso, la gran celebración pautada para la apertura, se redujo a una sencilla ceremonia, debido a los efectos de la Primera Guerra Mundial.

Ya en manos panameñas y no estadounidenses, desde el 31 de diciembre de 1999, como requerido por el Tratado Torrijos-Carter, para que Estados Unidos transfiriera el Canal a ese país, más de 1.1 millones de barcos lo han transitado en su historia.
Esta obra ha facilitado la transportación business entre continentes y países, ahorrando miles y miles de kilómetros entre más de 160 países. En el 2016 se inauguró una ampliación del Canal, que duplicó la cantidad de tránsito, con las esclusas de Cocolí y Aguas Claras y la capacidad de que barcos tres veces más grandes lo crucen.
Una experiencia inolvidable
A bordo del Silver Moon viajaba el conferenciante invitado, Jim Jacobs, quien explicó el paso por las imponente esclusas, nombradas dependiendo de su ubicación. Estas constituyen un aspecto único de la vía acuática.
El día empezó bien temprano, pero es uno que transcurre lentamente como para dejarle disfrutar sorbo a sorbo del paisaje y su biodiversidad, mientras va brindando con champán o la bebida de su preferencia, (Silversea las tiene todas incluidas), en la proa, abierta ese día, o en el Remark Library, con espléndidas vistas pero sin el intenso calor panameño.
Como previsto, llegamos primero alrededor de las 8:30 a.m. a las Esclusas de Gatún, un juego de esclusas de tres niveles que fueron las primeras en construirse; luego las de Pedro Miguel y para terminar, y pasadas las 4:00 p.m. llegamos a las Esclusas de Miraflores, de dos niveles, donde desde las terrazas del Centro de Visitantes docenas de turistas disfrutan viendo los barcos. Además de las fotos de todos los pasajeros, la tripulación, igualmente entusiasmada, salía también a tomarse sus fotos.
Prepárese para el cruce
Un cruce por el Canal de Panamá típicamente demora unas ocho a diez horas porque el paso de barcos se hace de acuerdo al tránsito que es prácticamente contínuo.
Para maximizar su experiencia lleve una buena cámara y binoculares, (hay abundantes islas que rodean el Lago Gatún, bosques y es un espacio pure con variedad de especies), vístase fresco para protegerse del intenso sol panameño, use sombrero y bloqueador photo voltaic, aunque llueve bastante. Además tenga paciencia, y mix el día con actividades del crucero, saliendo a cubierta cuando se acerca a las esclusas.
El Silver Moon, con capacidad para 596 pasajeros, pero viajando actualmente con capacidad limitada, tiene un programa completo culinario de S.A.L.T (Sea and Land Style), con excursions, restaurante y un laboratorio de cocina, enfocada en los destinos. Ese día tenía clases de comida panameña.
Curiosidades
- Las esclusas funcionan como elevadores de agua: suben las naves desde el nivel del mar (ya sea Pacífico o del Atlántico) hacia el nivel del Lago Gatún (26 metros sobre el nivel del mar); así, los buques navegan a través del cauce del Canal, en la Cordillera Central de Panamá.
- Las compuertas se mueven como puertas dobles y todas las cámaras de las esclusas tienen las mismas dimensiones: 110 pies de ancho por 1,000 pies de largo, y están construidas en pares.
- En las esclusas, el sistema de llenado por gravedad va compensando la altura del nivel del agua, y una vez equilibrado, la compuerta se abre.
Fuente: Micanaldepanama.com
” Fuentes www.elnuevodia.com ”
