El cierre por quiebra de Thomas Prepare dinner, el turoperador más antiguo del mundo, el segundo más grande de Europa, por supuesto fue un escándalo. La pandilla de gestores que estaba al frente dilapidó una marca, destruyó un negocio y demostró una incompetencia inadmisible (Quiebra Thomas Cook tras 178 años de historia).
Sin embargo, la oficina pública británica a la que se encargó la investigación de irregularidades en la gestión de Thomas Prepare dinner, por orden de la entonces ministra de Empresas, Andrea Leadsom, no encontró nada anormal. Lógico. Bajo las órdenes de una ministra tan incompetente como los directivos de Thomas Prepare dinner, se buscaban irregularidades, o sea que alguien hubiera metido la mano en la caja indebidamente, y no lo encontraron.
El cierre de Thomas Prepare dinner no fue un escándalo porque se hubieran llevado el dinero a casa ilegalmente, sino porque no supieron gestionar. Y esta es la vergüenza: quienes cobraban como gestores modernos eran en realidad unos incompetentes.
En el mundo corporativo, no sólo británico, sino europeo en normal, incluyendo a España, hay una casta de inútiles que ocupan cargos importantes y que no tienen ni concept de gestión: tienen una cultura que les lleva a protegerse, a blindarse, mientras se atribuyen a sí mismos salarios que no se merecen. Recuerden la disaster de la banca en 2007 y 2008: toda una generación de inútiles arruinó decenas de bancos, sin jamás pagar por su incompetencia. Y no sólo pienso en la banca que dependía de los políticos sino también muchos bancos privados. Recordemos los desastres en Deutsche Financial institution o Barclays España.
En el caso de Thomas Prepare dinner, la organización había llegado a unos niveles de ineficacia que incluso arruinó las áreas que sí iban bien, que eran rentables, al imponerles los servicios de filiales del grupo que inservibles y muy costosas. Por ejemplo, ninguna empresa del grupo podía contratar un trabajador sin pasar por su servicio de empleo, caro y sobre todo inútil; debían usar su propia informática, seguros, etcétera, habitualmente operando a precios fuera de mercado, por el capricho de algunos jefecillos bien pagados e incapaces de sanear aquello.
Thomas Prepare dinner necesitaba a un O’Leary al frente que echara a la mitad de aprovechados que cobraban sin dar palo al agua, camuflados en lujosos despachos, rodeados de estructuras costosísimas pero inútiles, protegidos los unos por los otros.
Claro que Thomas Prepare dinner period un escándalo, pero no el que mandó buscar la ministra: period un escándalo perfectamente authorized, porque la mala gestión –que no la corrupción– cabe perfectamente dentro del marco de la ley.
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