Como viene ocurriendo desde hace algunos años, el Ministerio de Hacienda ha convocado un concurso público, conocido como ‘Cora’, para adjudicar a una agencia de viajes todos los desplazamientos de los altos funcionarios del gobierno español. De esa manera, como ya ocurre con la gran mayoría de las empresas privadas de ciertas dimensiones, además de obtenerse precios más razonables, se centraliza la gestión de los viajes y se logra mejor calidad en la operación.
Hasta ahí, obviamente, todo es regular.
Pero este año, como viene ocurriendo con muchos concursos públicos, se incorporan varios criterios de valoración que carecen de vinculación con el servicio en sí y que tienen que ver con la imagen pública del convocante, o sea con las relaciones públicas, con el quedar bien o como quieran llamarle.
El concurso este año valorará el nivel de integración de la mujer, la integración de personas con discapacidades y la sostenibilidad ambiental. Se aportan varios indicadores en el concurso para premiar esto.
Cualquiera que conozca cómo funciona la Administración pública, no sólo en España, pero especialmente en España, comprenderá que esto es pura demagogia. ¿Es que existe algún problema de integración de la mujer en el sector de viajes en España? ¿Es que alguien hoy cree que se puede discriminar a una agencia de viajes por este motivo? ¿O se trata simplemente de un criterio para quedar bien? Ya me dirán ustedes qué tendrá que ver que haya más o menos varones, más o menos mujeres en una agencia de viajes para adjudicarle el concurso.
Pero hay más en esta demagogia barata: la sostenibilidad. Desde luego, una parte sustancial de los viajes que llevan a cabo los altos funcionarios del Estado son inútiles. En realidad, con frecuencia el propio trabajo del funcionario es inútil, cuanto más una parte basic de sus viajes. O sea que vamos a premiar a una agencia de viajes porque tenga luces Led en sus oficinas para darle la gestión de viajes en avión que son altamente contaminantes.
Pura charlatanería de vendedores de crecepelos, que acaba con un merchandise más, igualmente ridículo: una vez adjudicado el concurso, supuestamente tras evaluar cuidadosamente esos criterios, el ganador puede hacer lo que le plazca simplemente porque nunca nadie controlará que haya más o menos mujeres, que haya más o menos sensibilidad ambiental en la agencia de viajes. No lo controlará porque no tienen medios y, también, porque no puede tenerlos jamás.
” Fuentes www.preferente.com ”

