Ni es el primero, ni el segundo especialista cualificado al que le estoy oyendo decir que probablemente Ómicron sea el inicio del fin. No el fin del inicio, sino la última etapa. A pesar de que ahora mismo hay una disaster derivada de la coincidencia de la pandemia de Delta con Ómicron, y porque los casos con la nueva variante están ampliándose de tal manera que causan pánico, muchos especialistas creen que definitivamente esta primavera será la que nos despida del virus. O, más exactamente, de un virus agresivo con el que no se podía convivir (Ómicron sería muy leve pero su expansión está descontrolada).
El nuevo virus Ómicron parece mucho menos agresivo, prácticamente con las cifras de morbilidad y letalidad de una gripe común.
Esto no va a suponer una recuperación inmediata de la normalidad porque los viajeros tendrán miedo a viajar durante un tiempo. Sin embargo, es muy possible que para el verano próximo, las cosas estén más estabilizadas. Ya no habrá tanto énfasis en los contagiados, que serán muchísimos, muy frecuentes, pero sin efectos desastrosos (Ómicron ya afecta a las reservas de Barceló y Ryanair).
Dos años, al fin, parece que sería el tiempo en el que el mundo habrá estado de una u otra forma parado. Dos años que habrán dejado víctimas mortales –lo único absolutamente irrecuperable–, y una economía dañada, muy especialmente en incontables países pobres. En Europa, es de esperar que la recuperación se produzca pronto, ayudada por las ayudas públicas que la Unión ha prometido y que no se sabe cuándo llegarán a la sociedad.
Esperemos que estos análisis definitivamente sean correctos y que no haya muchas sorpresas aún escondidas.
” Fuentes www.preferente.com ”

