También en ese frente hay buenas noticias.
BioNTech/Pfizer ya dijo que podría tener vacunas específicas para esta variante en tan solo tres meses. La empresa, al igual que otras fabricantes de vacunas, debería comenzar a producirlas de inmediato. En el peor de los casos, habrán invertido unas cuantas semanas de trabajo que podrían considerar como ensayo para una acción rápida en el futuro.
Incluso si las vacunas actuales pierden cierta efectividad en la prevención de casos posvacunación con la variante ómicron, es razonable esperar que conserven un buen nivel de protección contra hospitalizaciones y muertes, como se ha visto con otras variantes. Esto se debe a que evitar infecciones posvacunación e impedir el desarrollo de enfermedad grave involucra distintas partes del sistema inmunitario. La parte responsable de esta última tarea tiene mayor capacidad de seguir reconociendo al virus y funcionar bien aunque existan algunas mutaciones. De cualquier manera, podemos hacerlo mejor.
Todas las vacunas todavía se diseñan para proteger contra el virus authentic que apareció en Wuhan, aunque esa versión ya casi no se encuentra. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por su sigla en inglés) desde hace tiempo dijo estar dispuesta a aprobar vacunas específicas para ciertas variantes sin exigir el mismo tipo de estudios clínicos que para las vacunas iniciales. La FDA debería alistarse para lidiar con esta posibilidad.
Otra buena noticia es que los nuevos tratamientos antivirales que podrían reducir hasta en un 90 por ciento la tasa de muertes y hospitalizaciones en pacientes de alto riesgo, no están afectados por las mutaciones de las variantes porque atacan enzimas que el virus necesita para reproducirse. Ahora mismo, estos medicamentos antivirales (que todavía no se autorizan ni siquiera en Estados Unidos) son caros, pero Pfizer ha hablado de la posibilidad de que los países de ingresos medios y bajos tengan acceso a su medicamento a un costo menor.
Es necesario que esos fármacos estén disponibles en los lugares en donde ocurran los brotes y no que sean acaparados por los países ricos debido a la firma temprana de contratos. Además, su producción y precio no deben depender del capricho de obtener más ingresos de empresas que han recibido mucho apoyo de los contribuyentes y que aprovechan investigaciones financiadas con fondos públicos para desarrollar sus medicamentos.
También, las naciones más ricas deben ofrecer apoyo financiero para implementar medidas no farmacéuticas, como instalar mejores sistemas de ventilación y filtrado del aire, acceso a cubrebocas de mejor calidad o cuarentenas y licencias por enfermedad con goce de sueldo.
Todas estas acciones requieren liderazgo y una visión international. A diferencia de los terribles días de principios del año pasado, tenemos una alerta temprana, vacunas, fármacos efectivos, más conocimientos sobre la enfermedad y muchos aprendizajes dolorosos. Llegó la hora de demostrar que ya aprendimos esas lecciones.
Zeynep Tufekci (@zeynep) es profesora asociada en la Universidad del Norte de Carolina, autora de Twitter and Tear Fuel: The Energy and Fragility of Networked Protest y columnista de Opinión del Occasions. @zeynep • Facebook
” Fuentes www.nytimes.com ”
