Por: Sergio E. González Rubiera
El asunto de las estafas a turistas ingenuos.
Este penoso asunto que se presenta en Cancún especialmente, desde hace una década aproximadamente, que ahora abarca a toda la Riviera Maya y por supuesto a otros destinos turísticos del país, debe antes que nada reconocérsele llamando a las cosas por su nombre. NO se trata de Agencias de Viajes fraudulentas como equivocadamente les llaman, no se trata de “Agencias Patito”, como les llaman en la AMAV Nacional, no señores, se trata de ESTAFADORES PROFESIONALES, que a eso se dedican. Gente que desde un teléfono celular o incluso, los más
sofisticados, desde un Call Center, llaman a inocentes ciudadanos en su enorme mayoría mexicanos, para engañarles, estafarles con “atractivas” e irresistibles ofertas, en las que la gente con absoluta ingenuidad cree.
Lo primero entonces es dejar claro que ni son agencias, ni son empresas de ningún tipo, ni existen jurídicamente ni físicamente. Son ladrones de profesión.
El ejemplo es claro: a una persona cualquiera de una entidad federativa cualquiera, le llaman por teléfono para ofrecerle una tentadora vacación a un precio de locura. La gente, sin investigar nada y sin más preguntas, se deja presionar por el “vendedor”, que le dice que tiene que comprar hoy, si o si porque la oferta se acaba. El inocente comprador procede y deposita en una cuenta, o hace transferencia o va a un Oxxo y paga.
Luego, los más inocentes, llegan a comprar hasta los boletos de avión y arriban al destino donde para su sorpresa al presentarse en el hotel, no existe ninguna reserva a su nombre, lo han estafado.
Otros, previo al viaje sospechan, o alguien cercano les hace sospechar ante lo increíble de tan maravilloso paquete turístico y se les ocurre llamar. En el hotel como es lógico no hay reserva, entonces llaman a la supuesta “agencia”, y ya no les contestan el teléfono, el número del inocente ha sido bloqueado ya.
Aquí las siguientes preguntas:
¿Puede algo hacer el hotel involucrado?
¿Podría acaso hacer algo la Asociación de Hoteles del Destino?
¿Será entonces que la Asociación de Agencias de Viajes pueda ofrecer solución o ayuda a los afectados?
¿Podría la Secretaría de Turismo del Estado, o la Dirección de Turismo Municipal actuar de alguna manera?
La verdad tristemente es que ninguna de esas entidades, puede actuar en forma alguna. Se trata de una estafa en la que a “toro pasado” hay poca o nula acción que pueda realizarse en defensa de los afectados.
La PROFECO, a nivel local tampoco, pues cuando llegan a recibir denuncias y quejas formales, al intentar atenderlas resulta que el domicilio fiscal proporcionado es inexistente, o se trata de un lote vacío o un inmueble particular que nada tiene que ver con el asunto.
Quién si que puede hacer algo, y lo hemos venido solicitando hace años es la PROFECO
(Procuraduría Federal del Consumidor) a nivel nacional, diseñando y lanzando una Gran Campaña de ALERTA al consumidor, haciendo uso de todos los medios masivos de comunicación, a efecto de dar consejos de viaje y previniendo a los alegres turistas acerca de donde deben y donde no deben comprar. Que información deben solicitar a los promotores y en general advirtiéndoles de no caer en estafas; tal como ya lo hacen algunos bancos con sus usuarios.
Es una responsabilidad de la PROFECO alertar a los consumidores mexicanos de todo el país de este tipo de prácticas y no del Destino Turístico que poco o nada puede hacer, ni los gobiernos locales ni las empresas.
Personalmente solicité esto a una pomposa Procuradora Federal que, en épocas de Peña Nieto, visitó Cancún. Tomó nota, pero jamás emprendió nada.
Hoy el tema vuelve a cobrar importancia ante la crisis generada por la pandemia, que por una parte ha creado nuevos y más audaces delincuentes y por otra a unos ansiosos viajeros deseosos de salir de casa y por supuesto al mejor precio posible.
Pero no se equivoquen, no le corresponde al destino resolverlo, ni hay mucho que puedan hacer sus actores; así como tampoco se puede medir, ni existen estadísticas verídicas, pues no todas las víctimas, denuncian o reportan.
La otra entidad que si puede hacer algo es la División Cibernética, si es que aún existe, de la Guardia Nacional. La policía cibernética podría rastrear teléfonos, páginas de internet y redes sociales para dar con los hampones.
En ese contexto, habría entonces por una parte que alentar al consumidor también a que denuncie ante esta instancia y por otra lograr acuerdos para que en verdad esta policía funcione, trabajen y den resultados.
El espectro de las estafas telefónicas, y las compras o ventas fraudulentas por internet, implica a todos los sectores económicos, no solo a la industria de los viajes, y ciertamente los más afectados son los consumidores.
Solo ya no les llamen agencias a estos delincuentes, por favor.
Al Buen Entendedor…
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