La pandemia del coronavirus ha supuesto unas enormes pérdidas económicas para Venecia, que cada año recibía entre 26 y 30 millones de viajeros. Sin embargo, había servido al menos para aliviar la contaminación medioambiental provocada por la gran cantidad de visitantes y, especialmente, por los cruceros que llegaban a su laguna. Aquel turismo masivo provocó las quejas de los vecinos y obligó al ayuntamiento a tomar medidas para evitar el deterioro de la ciudad italiana.
El Gobierno del país llegó a prometer que evitaría la entrada de estas grandes embarcaciones en Venecia y promulgó una ley para construir puertos alternativos. Sin embargo, los cruceros han retomado su actividad en la ciudad desde este 5 de junio para alegría de aquellos que viven del turismo e indignación de los que soñaban con ver la laguna sin estos gigantescos barcos.
El MSC Orchestra fue el primer crucero que llegó a Venecia después de 18 meses y, al mismo tiempo, asociaciones en defensa del medio ambiente y vecinos organizaron una protesta en contra de estas grandes embarcaciones. Desde tierra o en botes, pedían que estos barcos dejen de dañar el frágil ecosistema de las aguas de la ciudad.
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