corazón
● Más de 30 millones de adultos en México viven con hipertensión y cuatro de
cada 10 desconocen que la padecen, de acuerdo con el Instituto Nacional de
Salud Pública
Ciudad de México, 17 de agosto 2026. El riesgo cardiovascular puede avanzar sin
síntomas y manifestarse por primera vez como un infarto, una arritmia o una complicación
grave. En México, donde las enfermedades del corazón se mantienen entre las principales
causas de muerte, especialistas de Grupo DSAI Dalinde – San Ángel Inn llaman a fortalecer
una cultura de prevención basada en la detección oportuna de factores de riesgo.

El problema no se limita a las personas mayores. En la práctica clínica se observa la llegada
de pacientes de 30 y 40 años con hipertensión, arritmias o infartos, en un contexto marcado
por sedentarismo, exceso de peso, sueño insuficiente, estrés y una alimentación con alta
presencia de productos ultraprocesados. La acumulación de estos factores puede favorecer
la aparición temprana de alteraciones cardiovasculares.
Esta realidad también convive con hábitos y creencias que pueden retrasar la prevención.
Tomar aspirina por cuenta propia no es una estrategia para evitar un primer infarto y puede
generar efectos adversos; asimismo, síntomas como dolor de cabeza o sangrado nasal no
deben utilizarse como indicadores para determinar si una persona tiene la presión elevada.
La medición adecuada de la presión arterial requiere un instrumento validado y una técnica
correcta, por encima de las estimaciones que ofrecen algunos dispositivos de uso cotidiano.
La prevención tampoco debe condicionarse a la apariencia física: ser delgado o realizar
actividad física no elimina la posibilidad de presentar factores de riesgo o alteraciones
cardiovasculares. La recomendación clínica es identificar antecedentes, conocer los niveles
de presión arterial y establecer revisiones periódicas de acuerdo con las características de
cada persona.
El Instituto Nacional de Salud Pública estima que un mejor control de la presión arterial en la
población adulta podría evitar alrededor de un millón de eventos cardiovasculares en un
periodo de diez años. En este contexto, anticiparse al riesgo a través de medidas de
prevención es la mejor ruta para detectar oportunamente condiciones que pueden
permanecer silenciosas hasta que es demasiado tarde.

