Garantizar que las mujeres puedan mantener la lactancia materna tras reincorporarse a sus actividades laborales, requiere ir más allá del cumplimiento de la ley y avanzar hacia una cultura de corresponsabilidad en la que familias, empresas, comunidades e instituciones compartan el compromiso de apoyar la crianza durante los primeros años de vida.
Así lo plantean América Ávalos de Fundación Coppel y Sindy González de Fundación FEMSA, copresidentas de la Red CCE por la Primera Infancia, al destacar que, si bien el país ha registrado avances en materia normativa para proteger el derecho de las mujeres a lactar y favorecer condiciones laborales compatibles, aún persisten barreras sociales y culturales que dificultan su continuidad.

Actualmente, la legislación contempla medidas como espacios para la extracción y conservación de leche materna, horarios flexibles y esquemas de trabajo que favorezcan el cuidado. Sin embargo, la organización considera que estas acciones deben formar parte de una estrategia más amplia que contribuya a reconstruir las redes de apoyo que históricamente sostenían esta práctica.
En México, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2021-2023, elaborada por el Instituto Nacional de Salud Pública y la Secretaría de Salud, solo uno de cada tres menores de seis meses recibe lactancia materna exclusiva. Este panorama responde a diversos factores como la falta de redes de apoyo, la desinformación, las condiciones laborales y entornos sociales, que aún no la favorecen ni la normalizan.

Las expertas señalan que la lactancia materna debe ser concebida como una práctica que requiere acompañamiento, legitimidad social y condiciones favorables para sostenerse en el tiempo.
En ese sentido, los centros de trabajo pueden desempeñar un papel clave al promover culturas organizacionales que reduzcan estigmas, impulsen la corresponsabilidad y permitan que las mujeres continúen con la lactancia sin que ello represente un obstáculo para su desarrollo profesional.
Además de impulsar acciones como lactarios, permisos y esquemas de flexibilidad laboral, también es importante fortalecer el acceso a información confiable, acompañamiento especializado y redes comunitarias que permitan a las familias afrontar la crianza con mayores herramientas y apoyo.

La evidencia muestra que cuando existen redes familiares, comunitarias o institucionales, aumentan las posibilidades de mantener una lactancia exitosa. Por el contrario, su ausencia incrementa el riesgo de abandono temprano, independientemente de la situación laboral.
Como integrantes de la Red CCE por la Primera Infancia, Fundación Coppel y Fundación FEMSA, impulsan una agenda orientada a promover buenas prácticas al interior de las empresas y posicionar la lactancia materna como un tema estratégico para el bienestar de la primera infancia y el desarrollo social.

El reto, subrayan, es que más mujeres puedan ejercer su derecho a la lactancia con condiciones favorables en todos los espacios donde se desarrollan. Lograrlo implica fortalecer la corresponsabilidad entre familias, comunidades, empleadores y políticas públicas, con el objetivo de favorecer la salud infantil e impulsar espacios laborales más humanos, así como una sociedad más equitativa desde la primera infancia.
